Un grito, un gesto, un movimiento en el momento justo en que el rival va a golpear. La interferencia es una de esas situaciones que encienden los partidos y que casi nadie sabe resolver del todo: ¿se repite el punto?, ¿lo pierde quien molesta?, ¿da igual si fue sin querer?

El reglamento de la Federación Internacional de Pádel lo tiene más claro de lo que parece, y todo gira en torno a una sola pregunta: ¿fue a propósito o no?

El reglamento define la interferencia como la acción de un jugador que molesta a su contrincante en la ejecución de un golpe. Y aquí está lo importante: esa acción puede ser deliberada o involuntaria, y el reglamento trata cada caso de forma muy distinta. No es lo mismo hacer un gesto para despistar al rival que estorbarle sin querer en plena jugada.

Cuando la interferencia es deliberada, la consecuencia es directa: el árbitro concede el tanto al contrincante. Es decir, si molestas a propósito a un rival que va a golpear, el punto es suyo.

El reglamento no contempla aquí segundas oportunidades ni repeticiones: la intención de estorbar se penaliza con la pérdida del punto.

Si la molestia es fortuita —un movimiento, un sonido, un despiste sin intención de perjudicar al rival—, el árbitro ordena la repetición del punto. Ni un jugador ni otro salen beneficiados: simplemente se vuelve a jugar el tanto.

Es la forma que tiene el reglamento de reconocer que a veces se molesta sin querer y que eso no debe decidir un punto.

Aquí está el detalle que muchos jugadores desconocen. La repetición del punto por interferencia involuntaria no es infinita. Si la misma pareja comete una segunda interferencia involuntaria, el árbitro deja de ordenar la repetición y sanciona con la pérdida del punto, adjudicándolo a la pareja adversaria.

Dicho de otro modo: la primera vez sin querer se perdona con una repetición; la segunda vez, aunque siga siendo sin querer, ya cuesta el tanto. El reglamento entiende que molestar una vez puede ser casualidad, pero repetirlo deja de serlo a efectos de juego.

La distinción entre voluntaria e involuntaria no la hacen los jugadores, sino el árbitro. Es él quien valora la intención y aplica una consecuencia u otra. Por eso, ante una posible interferencia, lo correcto es dirigirse al árbitro y no enzarzarse con el rival: la decisión sobre qué tipo de interferencia se ha producido, y qué consecuencia tiene, le corresponde a él.

Interferencia · ¿Qué ocurre?

SituaciónConsecuencia
Interferencia voluntaria (molestar a propósito)Punto para el rival
Interferencia involuntaria (primera vez)Se repite el punto
Segunda interferencia involuntaria de la misma parejaPunto para el rival

Fuente: Reglas del Pádel · Federación Internacional de Pádel (FIP), revisión de aplicación 01.01.2026.

Iniciar Sesión